Escucha,
El Yupanqui está tocando,
SÃ,
también el junco y la enramada,
La frágil flor
El puma embravecido,
¿Quién no escucha lo que aquel
tiene para decirnos?
Escucha,
Habla de traiciones y fracasos,
De heridos cielos y de hazañas estrelladas,
Escucha el tono que ha elegido,
Si parece un coro de raÃces nuevas
Un estruendo de guitarras lo acompaña,
Escucha al Yupanqui,
Quizás una senda luego de beberlo para ti nazca.
Escucha,
Ahora aquel calla,
Si parece que le han quitado la osadÃa,
Como un arrebato incoloro
Han hecho que aquel marche,
Hasta le han hurtado la palabra,
Su corazón de madera ha quedado.
¿Dónde han empujado al poeta aquel,
porque silenciar al que nos muestra el alma?
No hay más frágil batalla
Que la que de antemano se obsequia,
El silencio es su victoria,
El miedo su fino instrumento,
Nuestra la frontera del rito,
Nuestra la conciencia encrespada,
Nuestra la alegrÃa,
Nuestra,
La verdad primaveral y soñada.
¡No han podido callarte!,
¡No han podido callarte!


