¿Dónde reposará mi vidala
aquella que nunca supe aprender a tocar?
¿habita en tus gentiles dedos aún
allÃ,
en el remanso tempranero del interprete dormido?
La vidala ha sabido de mÃ
a través de un silencioso acuerdo,
pluma,
cuerda,
tinta o sangre,
armas contra la muerte y el silencio,
acordes sumamente inexplicables,
aquellos que surgen en este mi desvelo
pero mi cuerda
también es el llanto,
mi morada algunas veces el olvido.


