...Callan aquellos
que las alturas habitan,
callan los otros
que se arrastran por la hierba,
callan y callan
quienes son el mundo
callan,
tan solo callan...
El fuego y el estruendo
Que los arcabuces
entregan,
Los hicieron callar
de súbito.
En principio callaron
las danzas Y los ruegos,
Luego las violadas miradas
Callaron,
Los pasos
Las manos
Los cuerpos.
“El fuego busca
callar el canto”
Rumorearon ruiseñores
En las débiles sombras
De los improvisados refugios.
La vieja América viste
Un manto de silencio nuevo,
Desconocido
por los cantores seres
Que hasta hoy fueron
“Amos y señores”,
del divino
y natural ruido.
Ahora callan por no descubrirse,
Entonces ya no son...
Callan.
Por las aguas avanza
aquel...
“salvaje” por naturaleza,
y se aproxima sigiloso,
transparente,
al campamento de aquellos:
Los nuevos enemigos.
Su acuático andar
Se asemeja al del Águila,
Cuando inmersa en el tibio viento
Se desliza por sobre el mundo,
Y añora y aguarda,
Saciar su hambre
y el de sus hijos,
Viento
Agua
Hermanos justicieros...
Cada vez más cerca
Logra divisar fogatas,
Improvisados campamentos
De tela y piedra.
Los recién llegados
Nada sospechan del “intruso”.
Comparten sus bélicas fábulas,
Naipes,
risas se mezclan
Al compás de las calmas aguas
Que aun nada anuncian...
Aquel,
Cauto y precavido,
Dispone y prepara sus músculos
Para alzar la señal,
La selva calla
Aguarda
Ansía...
¡Todo esta dispuesto en el hombre
para revertir la historia!
Sus ojos se alzan
por última vez
Al cielo claro y azul de noviembre,
Y este
le concede el milagro
De acogerlo una vez más...
Él
Siente al protector
respira hondo...
Una de sus manos,
La más hábil,
Se empapa del aire que deambula
Por sobre la superficie del río,
Y aferrada
a sus petrificados dedos,
Late su labrada y defensora lanza,
Que como el rayo en la tormenta
Se dispone
a partir hacia quien le parece,
De seguro alcance,
De muerte justiciera.
“Los Dioses de la guerra están
próximos
a dar su veredicto...”
Roba su nariz
Todo el aire que su pecho concibe,
Sus ojos se abren
como la noche negra
Y su corazón
su venganza
junto a su lanza parten
Hacia el sujeto destino...
El impacto es certero
Al igual que la muerte.
Aquellos,
Los invasores,
Se apresuran a armarse del odio
Y del metal que trajeron
Para someter,
Para obligar,
Para cristianizar y conquistar...
Y lo usan
sin reserva
sobre aquel Valiente
Mártir el indio
Aquel
que inició la defensa...
Ahora y al compás
del rugir extranjero
La selva,
Ya no calla
Todo lo contrario:
Alzan todos,
Sin encuesta alguna,
Sus guerreros cantos,
Sus primeras esperanzas.
La lucha
ha comenzado
Y aprendieron que callar...
Es dejarse matar.


