Vinieron por ti un día:
besaron falsamente tus costas
para plagarlas de sangre,
de silencios,
viciaron tu fresco aire
del sabor a pólvora,
de huérfano llanto.
El hombre “moderno” saboreó tus mares
y los plasmó de la brutal sombra
de sus tristes cuerpos,
de sus manos que todo
lo arrollan a su paso.
Bebieron tu savia madre
y se embriagaron
de riquezas falsas,
anunciando en sus sangrientos festines
que la avaricia
no tiene precio.
América mía,
nuestra,
Hundido en tu historia
me hallo náufrago de consuelo,
tu selva razón me inunda y
me devuelve a ti,
herido,
despojado..
alzo en tu nombre
la copa de las voces
que hoy habitan en mí
y me alientan
a no olvidar,
a no rendirme,
en tu nombre tierra madre...
hondamente respiro.


